D.O. ARRIBES

Bodega Almaroja

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La Bodega Almaroja está amparada en un nombre propio, el de Charlotte Allen. Esta inglesa, afincada en Fermoselle (Zamora), llegó casi por casualidad a las tierras castellano-leonesas y se enamoró de su suelo, sus viñas y su vino. Hasta aquí trajo su experiencia, vinculada durante más de veinte años al mundo del vino, y gracias a ella la bodega cuenta hoy con su sello personal y unos caldos de gran calidad que poco a poco se van abriendo paso en el mercado.

La pasión de Charlotte por el vino fue muy temprana. Cuando sólo tenía 19 años acabó el Colegio y antes de pasar a la Universidad dedicó un año de su vida a viajar. “Para mantenerme necesitaba dinero y trabajaba en un hotel”, en dichas instalaciones sus responsabilidades fueron aumentando con el tiempo hasta que un día le encargaron la compra de los vinos. “Yo no entendía nada, tuve que aprender muy rápido, pero desde el primer momento me encantó el mundo del vino”, asegura Charlotte.

A partir de entonces cambio el rumbo de su vida y dirigió sus estudios hacia la enología. Durante diez años trabajó con uno de los mejores importadores de vino de Inglaterra, lo que suponía trabajar con los mejores vinos del Mundo. Pero Charlotte no se conformó. En 1992 hizo su primera vendimia al norte de Francia, en una bodega biodinámica, “fue una experiencia única”. Después la idea de hacer su propio vino fue cobrando más fuerza. Sudáfrica, Italia, Francia... son algunos de los lugares a los que se dirigió para seguir aprendiendo. Durante sus viajes descubrió además algo fundamental: “Para hacer un vino que fuera 100% mío tenía que aprender también a cuidar del viñedo”. Y así lo hizo.

Su vínculo con Castilla y León le llegó de la mano de su amigo y también bodeguero, Didier Belondrade. “Vine a visitarlo y me habló de Arribes del Duero. Me quedé encantada con la zona y la tierra. Un año más tarde hice la mudanza y a trabajar”.

El buen vino que produce esta zona es según Charlotte, fruto de un microclima muy especial, una tierra granítica muy rica y unas cepas en algunos casos de avanzada edad. Con todo ello elabora un vino elegante y equilibrado, trabajado al 100% ecológicamente.

Su objetivo es hacer cada año un caldo de mayor calidad, trabajar mejor el viñedo y sobre todo “entenderlo”. Además, Bodega Almaroja comienza también a trabajar con la agricultura biodinámica, un proyecto que su dueña ya desarrolla y que en un futuro pretende extender a todo el viñedo.

Todo para elaborar un gran vino y, como es el caso, tener la suerte además de que guste a todo el mundo.

 

The bodega Almaroja is inexorably connected with one name, that of Charlotte Allen. This Englishwoman, now settled in Fermoselle (Zamora) arrived almost by chance in Castilla y Leon and fell in love with the soils, the vines and the wine. With her she brought twenty years of experience working in the world of wine, thanks to which the bodega today has her personal hallmark and various top quality wines which are slowly establishing themselves in the marketplace.
Charlotte developed an early passion for wine. At only 19 years of age she left college and before going on to university she decided to take a year off to travel. “In order to support myself I needed money and so I worked in a hotel”, where her responsibilities increased slowly with time until one day she was made responsible for the wine buying. “I knew nothing and I had to learn very quickly, but the world of wine had me in its spell from the first moment,” Charlotte assures us.
From that moment on the course of her life changed and she opted to study oenology. For ten years she worked for one of the best wine importers in England, which implies working with the best wines in the world. But this was not enough for Charlotte. In 1992 she did her first harvest on a biodynamic estate in Northern France. “It was a unique experience.” From that moment on the idea of making her own wine took root. South Africa, Italy, France…. these are some of the places she went to in order to learn the trade. During her various travels she discovered something absolutely fundamental: “In order to make a wine which was 100% mine, I had to learn to look after the vineyard.” Which is what she did.
Her relationship with Castilla y León was instigated by her friend and fellow winemaker, Didier Belondrade. “I came to see him and he spoke to me of the Arribes del Duero. I fell in love with the area and its soils. A year later I moved here and set to work”.
The quality wine produced by this area is, according to Charlotte, the fruit of a very special microclimate, wonderful granitic soils and very old vines (in some cases more than one hundred years old). The result of these various elements is a balanced and elegant wine which is 100% organic. Her aim is to make each year an ever better wine, improve the work in the vineyard and above all have a better understanding of the latter. The bodega Almaroja has also started to work with biodynamic agriculture, a project which is currently in development and which in the future will be extended to the entire vineyard.
All this with the aim of producing a great wine and having the good fortune that it achieves international recognition.

 

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