DO CALATAYUD

Bodegas Agustín Cubero

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J. Javier CuberoCENTENARIAS en su trayectoria, las Bodegas Agustín Cubero representan algo más que unas bodegas. Hablamos de tradición y dedicación de una familia comprometida con el vino al abrigo de las excelentes condiciones que les ofrece la Comarca de Calatayud. Han pasado ya 130 años desde que Agustín Cubero diera vida en la pequeña localidad de Godojos a un proyecto que ha sido mimado con esmero de generación en generación. La historia de sus caldos arranca en 1881. Años después, Tomás Cubero, hijo del fundador, abrazó esta pasión familiar para darle continuidad en el tiempo. Más tarde llegarían Agustín, el nieto, quien a partir de 1953 dio proyección nacional a estos vinos familiares pero de gran calidad, y María Isabel y Javier, hijos de éste último, quienes desde 1980 modernizaron todos los procesos sin dar la espalda a la ilusión, el mimo y la dedicación con la que Agustín Cubero dio inicio a esta hermosa historia familiar. Fueron ellos quienes en 1997 se trasladaron a Calatayud y crearon una nueva bodega que respeta escrupulosamente todos los mandamientos que definen a este proyecto desde su primer día de existencia.

Uno de los grandes secretos de la calidad de su uva y su vino se encuentra también en el origen de todo el proceso: la tierra sobre la que crecen las cepas. Las Bodegas Agustín Cubero se enmarcan en un terreno que parece ideado para el vino. Las suaves temperaturas que maduran el fruto a lo largo del año y un índice pluviométrico que no supera los 350 mm. mecen las vides para dotarlas de una singularidad y características únicas. Pizarra, arcilla roja y terrazas pedregosas vigilan con celo sus diferentes variedades de uva garnacha, tempranillo, syrah y macabeo. No sólo las condiciones naturales son las idóneas, sino que el factor humano también tiene buena culpa del éxito. Es la propia familia quien dirige y supervisa por completo todos los procesos para asegurar que el resultado final sea el mejor posible. Para lograrlo, no sólo cuentan con métodos y costumbres que la experiencia les ha enseñado para alcanzar siempre el éxito, sino que además apuestan por unas modernas instalaciones y un seguimiento constante por parte de un grupo de enólogos que se encargan de que la calidad de cada botella se aproxime al máximo a la excelencia. Nada queda por tanto al azar.

Todas estas características hacen que el resultado de todo el proceso ofrezca excelentes variedades de las que poder disfrutar en el paladar. El tiempo, la experiencia, la dedicación y la ambición por conseguir un producto cada día mejor de todas las generaciones que han formado parte de este sueño permiten saborear la tradición a través de cinco obras de arte. Stylo garnacha autóctona old vine, Dominio de María garnachas de pizarras, Unus syrah y macabeo, Altaya tempranillo/garnacha y Castillo del Mago Garnacha/tempranillo. Representan a la perfección la pasión de una familia por el vino. De todos estos caldos, el que mejor sintetiza los valores de la bodega es el Stylo Old Vine. En él se reúnen todos los valores que la familia ha mimado durante todos estos años. Las vides que le dan forma fueron plantadas entre 1934 y 1985, circunstancia que permite que el resultado final sea un vino sabroso con una estructura tánica muy bien constituida que trasmite solidez y corpulencia. Sobre la seguridad y la satisfacción que les otorga su centenaria experiencia, estas bodegas miran al futuro con ambición, con una búsqueda constante de la perfección a través de nuevas técnicas y tecnologías. Así, trabajan en proyectos de I+D con las universidades de Zaragoza y Pamplona. para mantener la esencia principal de las garnachas de Aragón.

Un binomio que se ha mantenido inalterable desde siempre y que seguirá estando vigente cuando la quinta generación se haga cargo de unas bodegas únicas. Desde 1881 siempre han estado bien protegidas por la implicación y el esmero de una familia cuya única pasión es conseguir los mejores caldos, el anhelo y la ilusión con la que Agustín Cubero se sumergió en un proyecto que acabó convirtiéndose en la única forma de vida para toda su familia.

Bodegas Agustín Cubero

Las Bodegas Agustín Cubero se extienden al abrigo de Calatayud. Sus vides descansan a una altitud superior a los 900 metros, lo que permite que la maduración de cada uva se realice de forma lenta y tranquila. Dentro de sus suelos ricos y pedregosos, destaca el viñedo de garnacha de viñas viejas, sin duda el mayor tesoro. Ocupa 60 hectáreas, ocho de las cuales se asientan sobre suelos de pizarra, y fue plantado entre los años 1934 y 1985, lo que convierte a esta variedad en la gran referencia.

La viña está compuesta por parcelas de 0,75 a 1,5 hectáreas, producciones de 1 kilo como máximo por cepa que encajan perfectamente como “terroir”.

Una vez que la uva adquiere el grado de madurez y equilibrio de acidez, se recolecta de manera manual en cajas de 18 kilos máximo, pasando después por la mesa de selección y elaborado en depósitos de 5 a 10.000 litros para conseguir la máxima expresión. Con el fruto ya recogido y almacenado, se comienza a trabajar con las distintas variedades, conjugando los más modernos métodos de control de temperatura con análisis químicos y sensoriales para su tipificación y estabilización. Todo ello sin dejar a un lado la experiencia que la extensa tradición familiar ha transmitido de generación en generación. Superado este proceso, y dependiendo de la variedad, los caldos descansan en depósitos de acero inoxidable, donde se fermentan a temperatura controlada tras haber macerado, o pasan a reposar en barricas francesa de primera y segunda llenada, también trabajan con lías y técnicas de Batonaje.

Otra de las características que define a estos caldos tiene que ver con las instalaciones de última generación en las que se elaboran. En ellas se consigue embotellar en condiciones de atmósfera inerte, característica que ofrece al consumidor la máxima garantía de higiene y calidad.


 

CENTURIES of history, Bodegas Agustin Cubero are more than just a vineyards. We are talking about the tradition and dedication of a family committed to wine, amidst the excellent conditions that the region of Calatayud offers. Years later, Tomas Cubero, son of the founder, embraced this family passion for wine and gave it continuity. Much later, from 1953 onwards, the grandson Agustin, successfully promoted these quality, family wines throughout the national territory. His descendants, Maria Isabel and Javier, began a process of modernization in 1980, but with the same illusion, care and dedication as Agustin Cubero, with whom this family story began. In 1997 they moved to Catalayud and established the new vineyard, but ever faithful to the original criteria that have defined this project since its conception.

One of the great secrets of the quality of their grapes and their wines is found in the very origins of the whole process; the soil in which they are grown. Bodegas Agustin Cubero is located in a seemingly ideal location for wine production. Consistent temperatures that ripen the fruit during the year, and less than 350mm of rainfall that affords the vines uniqueness and their characteristics. Shale, red clay and stony soil terraces are home to the different varieties of grape; Garnacha, Tempranillo, Syrah and Macebo. Not only are the natural conditions ideal, the human factor shares responsibility for their success. It is the family who direct and supervise all processes to ensure that the final result is the best possible. To achieve it, they not only apply methods and customs learnt from experience, but operate modern installations and constant monitoring by a group of oenologists charged with ensuring the quality and excellence of every bottle. Nothing is left to chance.

All these characteristics influence the whole process and the final result, offering excellent varieties of wine that are enjoyable to any palate. All the generations that are a part of this tradition, have employed time, experience, dedication and the ambition to obtain a better product. Which can be savoured through five works of art: Stylo Old Vine (Garnacha), Dominio de Maria (Garnacha), Unus (Syrah and Macebo), Altaya (Tempranillo/Garnacha) and Castillo del Mago (Garnacha/Tempranillo). They represent perfectly the family’s passion for wine. Of all of them, Stylo Old Vine is that which best synthesizes the values of the vineyard. In it are united all the values that the family have cherished over the years. The all important vines were planted between 1934 and 1985, in circumstance that influence the final result; a tasty wine with well structured tannins that transmits strength and corpulence. The assurance and satisfaction provided by their centenary experience, means these vineyards look to the future with ambition, in their continuous quest for perfection through new methods and technology. They also work with the universities of Zaragoza and Pamplona on projects of Research and Development, to maintain the essential characteristics of the Garnacha grape of Aragon.

Something that has always remained constant and will continue to exist when the fifth generation takes charge of these unique vineyards. Since 1881, the vineyard has been well supported by the implication and efforts of a family whose passion is to produce the best wines. The project that Agustin Cubero began with such desire and illusion, became a way of life for the whole family.

Bodegas Agustín Cubero

Bodegas Agustín Cubero’s vineyards are in Calatayud. Their vines grow at more than 900 metres above sea level, allowing grapes to ripen in slow tranquillity. In the rich stony soils that are home to their most important treasure, the Garnacha vines of the Viñas Viejas. These vines were planted between 1934 and 1985 in eight hectares of slate covered terrain, of a total extension of 60 hectares.

The vineyard plantations are divided into plots of 0.75 to 1.5 hectares, with cultivation limited to 1 kilo of fruit per vine, making it a true ‘terroir’ wine.
Once they have attained a suitable ripeness and acidic balance, they are manually harvested in 18 kilo crates, sent to the selection table and deposited in tanks of five to ten thousand litres, to develop their characteristics. With the fruit harvested and stored, work can begin on the different varieties. Using the latest methods of temperature control with chemical analysis and sensory tests for definition and stabilization. But also with the knowledge and the tradition the family has passed on to each generation. Once this process is finished, the wines are separated by varieties, macerated and fermented under controlled temperature in stainless steel tanks. Later, they undergo ‘batonnage’ in French barrels of first and second fillings.

Another defining characteristic of these wines has to do with the state-of-the-art facilities where they are made. Here, the wines are bottled in an inert atmosphere, a condition that offer consumers the highest guarantees of hygiene and quality.

 

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